La falta de perdón
explicaba todo a Eugenia. El texto decía:
Querida hermana:
Sé que hace mucho no te escribo, pero no me parecía justo que yo viva en
ésta pocilga y tú estés disfrutando de la bella Europa, sé que no he sido un hermano excepcional, te
he fallado, pero creo firmemente que el tiempo cura las heridas. Espero que veas ésta carta y
puedas perdonarme.
La perdida de tu hijo la sufrí tanto como tú, créeme, siempre estaré arrepentido de haberlo
descuidado, ojalá las cosas fueran distintas…
Te ama…
Leandro.
Luego se acostó. Sonaron las doce campanadas en el reloj del salón. Prefirió no pensar
que se hallaba completamente solo, casi estaba por dormirse cuando le llegó un ruido
de la habitación de arriba. No había duda: Algo se arrastraba trabajosamente por el
piso… Vio una sombra, al verla corrió hasta su habitación y esperó…
Él era un muchacho de piel morena, tenía una silueta envidiable y una mirada un tanto
vacía… Solía ser testarudo y un tanto torpe, pero tenía buen corazón.
El caserón estaba vacío, lleno de misterios, allí sólo habitaba la soledad, una soledad
que estremecía. Sólo Leandro estaba allí, pues soportaba todos los días de su vida,
aquella fría soledad.
De pronto, volvió a oír ruidos: ¡Era su hermana! , estaba ahí frente a él.
Lo miraba con luz pálida en sus ojos. Tenía una imagen extravagante, como si no
estuviera bien…
Sólo reía con tono macabro., una y otra y otra vez…
- ¡Eugenia! , ¿Eres tú? – dijo el joven con tono de miedo en su voz.
- Si… – dijo ella.
- ¿Has recibido la carta que te he mandado? – preguntó.
- Claro, por eso estoy aquí. – dijo
Él miró con mucho miedo, ella prosiguió.
- No has cuidado a mí pequeño, lo dejaste morir, y eso es algo que no puedo
perdonarte, ya es tu hora.
- No puedes hacer esto. – dijo con tono entregado.
- Si puedo. – agregó
Sin más que esperar, lo ató a una silla y lo conectó a las corrientes eléctricas, terminó de
preparar todo y le dijo:
- Vas a sufrir como mi hijo lo hizo.
Sin más que agregar, pulsó el interruptor.
Al cabo de pocos segundos perdió la vida, quedó totalmente fulminado, pues no estaba
más en éste mundo…
Ella se alejó lo más que pudo, sin ninguna culpa, desapareció, para nunca jamás volver.
AQUELLA FALTA DE PERDÓN DESTRUYÓ TODO LO QUE UN DÍA FUE UNA FAMILIA…
HAY MUERTOS QUE VIVEN TODAVÍA, Y HAY VIVOS QUE A LA VEZ MUERTOS ESTÁN. LA VIDA DA GIROS INESPERADOS, DE UN
SEGUNDO A OTRO, NUESTRO DESTINO PUEDE SER OTRO. NO VALE LA PENA ESPECULAR CON EL FUTURO, CUANDO NI
SIQUIERA SABEMOS SI VA A HABER UN MAÑANA PARA NOSOTROS, TAL VEZ HOY PUEDE SER EL ÚLTIMO DÍA, O QUIZÁS NO.
Eliana Corvalan. 4 B
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